Desarrollando la Creatividad en el Siglo XXI, ¿Para qué?

Desarrollando la Creatividad en el Siglo XXI, ¿Para qué?

Carlos Ruz Fuenzalida

Matemático e Investigador en Educación

Santiago, Chile

Vivimos en un mundo, en el cual las tecnologías de la información, el desarrollo económico, los problemas medioambientales y las inestabilidades sociales y políticas, nos llevan a cuestionarnos y preguntarnos algunos aspectos esenciales de nuestra labor educativa, en particular, de lo que acontece con el desarrollo y potenciamiento de la creatividad en los niños y adolescentes.

Siempre la motivación del docente, es que sus alumnos tengan las herramientas para que en su futura vida adulta, tengan un mejor pasar, un mejor vivir, y en resumen, una calidad de vida que les permita tener una plena existencia social y con su entorno. Sin embargo, y para quienes trabajamos en el aula, es fundamental preguntarnos y poner sobre la mesa, si lo anterior realmente es lo esencial y debe ser la aspiración propia que debemos tener, y más aun, si nuestros esfuerzos por desarrollar las capacidades de nuestros jóvenes, responden no tan solo a aquellos valores y principios humanos que son esenciales para nuestra sociedad, sino que tienen como objetivo además, desarrollar personas altamente productivas y que sean generadoras de riqueza y de rendimientos cuantitativos.

Personalmente, me declaro un enemigo en convertir a las personas en instrumentos de productividad, y sobre todo, transformar la labor de desarrollo personal, creatividad e intelectual, en un fin exclusivamente económico o material.

En Latinoamérica, especialmente en Chile, donde es mi lugar de trabajo y residencia, estamos viviendo un momento en donde las instituciones y estructuras sociales, políticas y religiosas, están permanentemente cuestionadas y desvaloradas. En el caso de Chile, que posee un régimen político republicano, con un Estado Unitario, y en donde las políticas públicas están centradas en el desarrollo material de las personas, para que mejoren los niveles y  estándares de vida, existe la concepción general, que la educación y el talento, tiene su real significado cuando entregan condiciones económicas, productivas y materiales, reales y concretas. Un individuo con aptitudes en alguna disciplina, tiene la presión social de seguir un camino que se traduzca en un éxito laboral, y que le permita tener un status frente a la sociedad. De esta forma, las personas son medidas por lo que tienen y no por lo que son.

Tengo la certeza que esta situación no es propia de Chile, sino que es parte de lo que llamamos sociedad occidental post moderna, y que se ve reforzada por los medios de comunicación, la televisión, internet y otros medios de difusión. Dentro de este panorama, la pregunta es muy simple: ¿Para qué estimulamos la creatividad y los talentos de las jóvenes?, ¿Para tener mejores personas?, ¿Para tener mejores trabajadores calificados y productivos?, ¿Para tener personas más felices y conectas con sí mismas? En las próximas líneas, pretendo clarificar un poco estas inquietudes, y más que responderlas, invito al lector a cuestionarse su rol y papel en el mundo que le rodea, y sobre todo, a los docentes y profesionales que trabajamos en el mundo educativo.

En una aula de clases, de cualquier país del mundo occidental, los docentes entregan conocimientos, desarrollan habilidades y competencias, a los alumnos que provienen de familias diversas, con cargas culturales propias, y un sinfín de situaciones familiares, emocionales y cognitivas, que hacen que el docente se transforme en un agente social de cambio y de transformación tanto para el alumno, como para las propias familias de éstos. Se entregan contenidos y materias curriculares amplias y diversas, en donde se plasma el espíritu propio de nuestro mundo actual, conocida como la sociedad del conocimiento.

La educación vive un ritmo de evolución permanente, tanto como otras partes de la sociedad civil, en donde muchos sectores continuamente  cuestionan y debaten sobre el rol actual de la educación como elemento de desarrollo y cambio, y en donde cada día se indica que el crecimiento económico de los países, tienen su base en los niveles de educación de los habitantes  que ahí viven. La educación históricamente, ha servido a los planteamientos y directrices del Estado, jamás a los fines propios de las personas. En esta línea, las escuelas y colegios forman individuos que sean útiles para la sociedad que el Estado necesita, y es por esto, que las agencias gubernamentales destinan millones de dólares y euros, en mejorar dichas escuelas con elementos materiales, tecnológicos y pedagógicos, para que los alumnos tengan mejores resultados académicos y de rendimiento en las diversas evaluaciones que se realizan, y en las mediciones internacionales tales como PISA o TIMMS. Se espera que al cabo de algunos años, como se han visto en las experiencias de países europeos y asiáticos, la calidad educativa de las naciones se vea mejorada, teniendo como consecuencia mejores niveles de productividad, de bienestar social, y mejores niveles de consumo  de las personas de dichos países.

No puedo dejar de preguntar lo siguiente, ¿Queremos realmente eso?, necesitamos saber para qué hacemos lo que hacemos, y no solamente seguir un camino establecido. La creatividad implica romper con paradigmas, romper con modelos, y establecer un espíritu crítico e innovador que tenga como centro el individuo y su desarrollo como ser humano. Es un imperativo que los talentos de cada uno de nosotros, sean desarrollados de buena forma para el correcto crecimiento de nuestro mundo. Suponer que solamente estimulamos a los niños para tener mejores profesionales en el futuro, que sean más competitivos y que generen mayor riqueza, es convertir y transformar la hermosa labor que llevamos a cabo en una mera instrumentalización de las capacidades humanas, es convertir en palabras simples, en una fabrica la sala de clases, en donde enseñamos para producir maquinas productivas y no seres humanos integrales.

La creatividad infantil, tiene como base la relación de libertad y limitación, y en ella se plasma el espíritu del hombre de ser mas allá de lo que en esencia, nuestra sociedad nos indica. Tenemos la difícil misión de transformar a los jóvenes en agentes de cambio propio, y que no se limiten a ser meros consumidores de un sistema económico imperante, ni tampoco a seres incapaces de pensar y reflexionar el mundo y la existencia que tienen. La capacidad reflexiva y de perspectiva, son nuestra mejor herramienta para convertir aquellos talentos propios de los jóvenes, en potencialidades concretas, y que signifiquen un mejoramiento de la calidad de vida de éstos.

Las investigaciones en materia educativa, indican que los rendimientos y aprendizajes de alto nivel, tiene su base en el grado de resiliencia y de motivación de los individuos, por tanto, es prioritario entregar a los jóvenes las herramientas para superar los fracasos y convertirlos en oportunidades de logro, en mejorar su autoestima para sobrellevar dichos fracasos, y en especial, convertir las capacidades innatas de las personas en la base de una mejor y más prospera existencia, pero no desde el punto de vista material o económica, sino en el sentido del ser humano. Mejorar los rendimientos académicos por el solo hecho de mejorar datos y estadísticas, no tiene sentido ni es lo que debemos poner como centro en nuestra labor como educadores.

El siglo XXI es una oportunidad única de transformar nuestro mundo en un mejor lugar para todos, aprender de las barbaridades y errores del pasado, y cambiar aquellos aspectos limitantes de nuestra sociedad. Los niños y jóvenes, son nuestra mayor esperanza, y por tanto todos los esfuerzos nuestros, deben estar centrados en su desarrollo humano y personal. Los talentos y las capacidades creativas innatas humanas, están latentes y esperando por ser descubiertas y cultivadas. Nuestro deber ultimo, es que los jóvenes sean un aporte al mundo en que viven, que sean felices y personas integras, pero por sobre todo, que tengan la habilidad de resolver los embates que la vida les depare, y que ni lo económico, ni lo político ni lo material, puede enseñarles, solamente la educación creativa, y con centro en el ser humano.

 

Santiago, Septiembre de 2010

 

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