Hacia un nuevo paradigma educacional: En enfoque de las potencialidades

Muchos autores nos hablan sobre las relaciones existentes entre los procesos de rendimiento académico, creatividad y autoconcepto junto a otros factores asociados. Personalmente, considero que es indispensable que se desarrolle esta triada en conjunto, para que así el pensamiento creativo-divergente permita que los procesos convergentes (radicados en las inteligencias) conlleven al individuo a un metacognitivismo de su aprendizaje.

Para ello, dicho planteamiento debe partir de algunos aspectos elementales. En primer lugar, identificamos mediante la Curva de Pensamiento Creativo de Minnesota, establecida en función de los test de creatividad verbal de Guilford, y más tarde de Torrance, cuatro etapas relevantes que constituyen puntos de cambio en la creatividad del ser humano, en particular, de los niños y jóvenes. De lo anterior, las etapas antes mencionadas son las siguientes:

a) Entorno a los 4 a 5 años (Kindergarten): En esta etapa, sucede el primer impacto social que le toca vivir al niño. Pasa de un estado de seguridad en relación a su familia a una dinámica social mucho más activa y de reafirmación interna. Si el niño no posee las herramientas sociofectivas necesarias, a este nivel, la presión y rigidez del entorno nuevo, lleno de reglas y disposiciones, harán que el menor postergue sus capacidades creativas en función de la adaptación a su entorno.

b) Entorno a los 9 a 10 años (4º año Básico): En esta etapa, el niño vive una enorme presión social, del entorno cercano, en especial de sus pares. En las niñas, surge la búsqueda de estilos estéticos (se inicia el gusto por la moda) y en los niños los juegos de cartas y de rol: se inicia la diferenciación genérica, y da pie para la formación de pandillas y grupos. Los símbolos se tornan muy importantes y transmiten esta misma diferenciación. Niegan o creen menos, en las opiniones de los adultos, y hacen más cercanas las apreciaciones de los compañeros. Muchos niños de esta edad, sacrifican creatividad por estabilidad y aceptación social y de entorno. Esta es la primera crisis, y solo los más inusuales y creativos, son quienes sobreviven a ella. El resto, pierde su creatividad irremediablemente, o por lo menos, basaran su actuar en el aprendizaje social que han llevado.

c) Entorno a los 13 a 14 años (7º a 8º Básico): En esta etapa, comienza el proceso de transición desde la niñez a la adolescencia, en el cual viene a suceder una enorme presión del entorno social que envuelve al menor. Las investigaciones nos aporten el hecho que el proceso de diferenciación y de búsqueda del propio camino, de interiorización en su propia personalidad, hace que en este rango etareo la inseguridad sea un elemento importante de destacar, esto hace que su creatividad sea sustituida por elementos más emocionales y seguros, los cuales reafirmen su propia condición, personalidad y carácter. Optan por la aceptación social y grupal más que a la diferenciación o prosecución de un camino individual, sin embargo son capaces de mantener su parecer en un grupo determinado.

d) Entorno a los 16 a 18 años (2º a 4º Medio): En esta etapa, el individuo estabiliza ciertas conductas, lo que permite que sean capaces de definirse en torno a los caminos que los llevaran a la vida adulta. Tienen una necesidad enorme de dejar llevar su imaginación, de dar rienda suelta a sus pensamientos y sentimientos. Se hacen muy cercanos de sus ideales y sueños, lo que consolida aspectos de las etapas previas de su desarrollo. Es en este punto, donde se nos presenta una decisiva ocasión para desarrollar y estimular la creatividad, ya que al transitar hacia la adultez, los patrones sociales de ajustamiento y estructuración, son cada vez más rígidos, por lo que esta fuerza que poseen, debe ser encausada de manera tal que constituya energía creativa en todas su áreas de desarrollo.

Cada una de ella, como hemos visto, conlleva procesos cognitivos, sociales y afectivos diversos, los cuales deben ser tratados de manera adecuada y efectiva, en relación al tramo de edad correspondientes. De esta forma, el trabajo efectuado en este nivel debe ser dirigido con el objeto de hacer que el niño no trance su desarrollo creativo para satisfacer presiones de diversa índole que aparecen en la medida de su propio crecimiento. Tenemos que anticiparnos a ellas, y trabajar para que estos puntos de inflexión sean lo más suaves posibles, y de ninguna manera, traumáticos.

Ahora bien, el proceso debe contemplar un grado de desarrollo personal, en el plano del autoconcepto y las variables relacionadas con lo motivacional. Esta labor, debe contar con un trabajo mancomunado entre docentes y familias, ya que es en estas últimas, donde el menor adquiere y refuerza constantemente aspectos como la autoestima, la constancia, la responsabilidad, entre otros aspectos de esta índole. Para ello, es clave la capacitación de los progenitores, a partir del conocimiento de base que tengamos de los menores y de las familias, ya que estos constituyen nuestra primera línea de aprendizaje, en el proceso evolutivo-creativo del alumno. Si no hacemos participe a los padres o a la familia de los niños, perdemos importantes armas a desarrollar en los menores, de manera que el trabajo dirigido y planificado, tiene, debe y obliga a actuar en este sentido.

En el caso de los niños, como ya lo hemos visto, cada etapa nos indica acciones distintas de trabajo. La diversidad existente, como asimismo los contextos involucrados, son variables que no podemos dejar pasar. No se trata de hacer una enseñanza personalizada, muy por el contrario, sino que construirla en base a la heterogeneidad presente, y considerando los procesos que viven los niños. De esta forma, los currículos, las didácticas y metodologías deben contemplar que los niños poseen procesos internos, tanto cognitivos como afectivos, diversos y variados, por lo que es absurdo plantear una metodología homogénea a personas que no lo son. Es clave el conocimiento de base que tengamos de nuestra realidad a tratar, de las condiciones de entrada que recibimos de los niños, como también el contexto en el cual desarrollaremos nuestra construcción de creatividad.

Nuestra finalidad con los niños, es que a través del desarrollo de su capacidad creativa, en función de un proceso de pensamiento divergente, sean capaces de alcanzar una metacognición, y de esta forma, que puedan ellos mismos ser sus propios gestores de su proceso educativo, de manera que sean protagonistas de su aprendizaje diario, sin dejar ningún elemento al azar. Por lo tanto, la planificación se hace extremadamente relevante para nuestros fines. Queremos que los niños sean capaces de resolver problemas a los que se enfrenten, que se anticipen a ellos, y que no se sientan doblegados por éstos. Recordemos, que creatividad es libertad y limitación.

La pregunta entonces es simple, y a la vez compleja, ¿Cómo podemos alcanzar esta meta a través del pensamiento creativo-divergente?

A primera vista, esta pregunta es sumamente compleja, por los elementos que la componen, los factores que entran a jugar en la interacción entre los distintos actores del proceso educativo. Padres, alumnos y docentes, viene a cumplir roles nuevos y definidos en esta nueva perspectiva de trabajo educacional, el cual viene determinado por el mismo proceso de desarrollo creativo.

A través del desarrollo del pensamiento convergente, radicado en las propias inteligencias y generado a partir de un conocimiento de base de naturaleza propia a partir de las destrezas y habilidades que posea el niño, es donde podemos estimular grados de competencias más elevadas. Esto está íntimamente relacionado con las propias capacidades y talentos innatos del menor, y que fortalecidas por el entorno cercano, en los planos motivacionales y del autoconcepto del niño, podemos generar un círculo virtuoso, en que la confianza y la seguridad que posea de sus ideas y apreciaciones, fortalecerán aspectos cognitivos que permitirán que su potencial creativo se desarrolle y estimule, permitiendo construir un proceso educativo centrado en el menor, de acuerdo a sus condiciones, y en donde las diversas etapas afectivas internas que viva el niño en su crecimiento, sean parte de la misma enseñanza del día a día.

En una diversidad de planos de inteligencias, según lo expuesto por Howard Gardner, es fundamental que las metodologías y procesos de enseñanza se desarrollen y planifiquen a partir de ellas y no al revés. Conocer y reconocer dichas inteligencias, es un deber de los docentes, como también el estimular y reforzar los aspectos no cognitivos por parte de la familia y los padres. Los contenidos y currículos deben ser usados como herramientas para generar competencias en función de las habilidades presentes del individuo. No basta con un trabajo meramente cognitivo y de apreciación convergente, en donde los alumnos relacionen ideas y procesos, y deduzcan formas de pensamiento en donde sus soluciones se enfoquen a una única respuesta correcta o valida, y que más tarde, repliquen en el diario quehacer escolar. La inteligencia es un instrumento para escalar a niveles mentales más elevados, y no puede constituir nuestro fin último como educadores. Respecto a esto, y para clarificar el punto expuesto, se realizo hace algún tiempo el siguiente experimento. Se tomaron de un grupo de personas, el 10% más inteligente y el 10% más creativo, ambos grupos evaluados por test de inteligencia y de creatividad respectivamente. Luego, se les enseño un cierto conocimiento de una materia, y se les evaluó. Los resultados que se obtuvieron, señalaron que la gran mayoría de los buenos resultados, no provinieron de los más dotados intelectualmente, sino que de los más creativos. Con esto, se demuestra que ser inteligente, no es suficiente. Se necesita algo más, lo no cognitivo, y es eso precisamente, lo que hace dar el salto hacia una creatividad plena.

En esta misma línea, como hemos dicho, esta labor debe venir acompañada de un trabajo motivacional y de fortalecimiento de las competencias socioafectivas del individuo, centrado particularmente en el autoconcepto de éste. Según lo expuesto por Guilford, en el ámbito de la creatividad y el autoconcepto, es indispensable que desarrollemos y fortalezcamos las características propias del niño, ya que a partir de esto podemos promover un factor creativo en él, y al ir desarrollando este mismo factor, el niño creerá en sus capacidades, reforzando su autoconcepto, y mejorando su creatividad. Se genera, como dijimos, un círculo virtuoso, denominado autoconcepto – creativo.

Sin embargo, y volviendo al tema docente, surgen distintas interrogantes; por un lado, el rol del profesor, más allá de lo que hemos expuesto o dicho con anterioridad, en el contexto del fomento de la creatividad, ¿El docente tiene que saber crear?, ¿Tiene que ser creativo para poder enseñar creatividad?, ¿Qué rol juega en este nuevo paradigma educacional?, ¿Dónde radica su formación?, etc. Otro aspecto relevante, es como abordar el acto creativo en el contexto escolar, en el aula misma, y determinar que parámetros usamos para afrontar este desafío tan grande.

Dentro de esta temática, David de Prado nos orienta en relación a la distinción de 3 tipos de creatividad:

• Creatividad Objetiva y Realista: Referida al tipo de creatividad relacionada con lo exterior, con lo que ya sabe y ha vivido la persona. Por tanto, es proyectable desde lo convergente a lo divergente. Es claramente cognitiva, y cuantificable en relación al producto creativo.

• Creatividad Imaginativa y Fantástica: Surge para sobrepasar los límites de la realidad, a través de un pensamiento analógico, imaginativo y fantástico-transformativo. Este aspecto, es de carácter no cognitivo del individuo.

• Creatividad innovadora e inventiva: Proviene del pensamiento innovador, volcado al cambio y mejora de lo real, que se ajusta al deseo de la persona o aun cierto ideal de existencia. Está enfocada en lo inventivo y creativo original.

Con respecto al primer punto, es estimulable dentro del contexto escolar a partir de los programas y currículos, usando el conocimiento previo y las realidades, para formar nuevo conocimiento. En relación a los puntos siguientes, no encuentran igual desarrollo en el ámbito escolar, ya que carecemos de pautas e indicadores para ello. Esto, porque se requieren de escenarios paralelos y específicos, que reúnan características propias.

Entonces, tenemos dos caminos frente a nuestra disyuntiva; por un lado, que sean contempladas en un trabajo integral, y en donde los actores del proceso educativo participen en conjunto, desarrollando características y procesos en los ámbitos cognitivos y afectivos del individuo, reforzando y fortaleciendo sus habilidades innatas, y sociales, permitiendo un crecimiento completo del niño, y generando un progreso paulatino y sistemático de las capacidades creativas que posea el menor; por otro lado, potencializarlo fuera del contexto escolar a través de tutorías o “escuelas creativas”, mas especificas y acotadas. El escenario o forma de escoger el ambiente creativo, debe consistir en un espacio en sí mismo, y no evaluar el producto final por sí solo. Debe ser un lugar para nuevas formas de creación, de apertura mental, es decir, potenciar y crecer creando. En resumen, alcanzar una metacognición.

Para terminar, la creatividad debe ser integrada como modelo educacional, en un contexto de paradigma de potencialidades humanas, para el desarrollo personal, y también social, que permitan el pleno crecimiento del ser humano, en donde la creatividad se convierta en la clave que debe develarse cada día, desde todos los contextos, contribuyendo con esto a la mejora educativa, y de los rendimientos académicos, y por consiguiente, al fomento mismo de la salud psicológica, tanto a nivel individual como colectivo.
Es la creatividad nuestra única y mejor arma para una mejor sociedad, y para curar los males que aquejan a nuestro mundo, y en donde los esfuerzos deben centrarse en los niños, con visión y perspectiva futura, a años plazo, permitiendo así una mejor calidad de vida para todos. Esto conlleva a nuestro propio bienestar, y todos los que queremos un mejor vivir en el presente, solucionando nuestras dificultades, de una manera creativa.

Carlos Ruz F.
V Congreso Mundial de la Creatividad y Talento Infantil
Santiago, Septiembre de 2008

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