La Familia y su rol en la Educación del Siglo XXI. ¿Cual es la función del Estado?

El pasado martes 16 de Agosto, en el Congreso de Chile se desarrollo una reunión bastante interesante, donde a primera hora estuvo presente la Fundación Educación 2020, liderado por Mario Waissbluth. En ésta se habló esencialmente de la estructura que sustenta el sistema educativo chileno y en especial, el financiamiento que permitiría alcanzar estándares de calidad.
Sin embargo, en horas de la tarde y noche, fue el turno de los dirigentes estudiantiles de la educación superior y secundaria. Frente a ellos se encontraba la Comisión de Educación del Congreso Nacional.
Con documentación, datos y argumentos sólidos, los líderes del movimiento estudiantil fueron capaces de establecer elementos que permitían elaborar todo un marco de diagnóstico y de la problemática educacional que vivimos hoy en día. Dentro de esto, se hizo mención de un aspecto crucial en la Educación, que es la familia y su rol dentro de una política de Estado.
Sin duda alguna, que una propuesta educacional en el marco de una política de Estado con perspectiva en el desarrollo de nuestro país, tiene forzosamente que considerar desde el nacimiento de los individuos hasta su madurez.
La familia, desde el punto de vista constitucional, es el núcleo de la sociedad. Pero claramente, en nuestra sociedad postmoderna, el concepto de familia no es el mismo al que existía en el siglo XX. Pasamos de un núcleo familiar amplio, en donde valores, principios y formación, eran propios dentro de los procesos y etapas que las personas iban experimentando. Sería incompleto el análisis, sin considerar los efectos sociales y sociológicos que vivió la sociedad chilena a raíz del quiebre institucional de 1973 y el gobierno militar que trajo como consecuencia 17 años de dictadura. Esto es altamente relevante, porque quienes son padres en la actualidad, son herederos de esos eventos, carentes de una perspectiva de lo que es la libertad y la formación integral, amplia y sin censura. Claramente, que los niños heredan las cargas familiares, y en especial, los males que los padres poseen. Si consideramos lo anterior, tenemos una generación de padres reprimidos, con escasa visión de lo que realmente es lo esencial en la educación de sus hijos, y si además, en una sociedad consumista, individualista y materialista, esto tiene como consecuencia que muchos de los padres de los hijos vean como lo mas practico y efectivo, simplemente satisfacer necesidades materiales de sus hijos, y básicamente, comprar su cariño.
Según los datos de Unicef, el 80% de los niños en Chile han sido violentados física o psicológicamente. Una cifra realmente alta y preocupante que nos debe llamar a la alarma nacional. Tenemos una generación de personas con altos índices de obesidad, de poca comprensión lectora, pasividad y letargo en lo que hacen. Esta es la consecuencia de una sociedad carente de visión de país, sin metas claras y que se conforma con un crecimiento económico. No basta con cubrir a los niños con regalos y cosas, es necesario entender que son personas y que requieren una entrega de parte de los padres, mas allá de lo que ellos mismos saben.
¿Qué podemos pedirles a una generación de adultos analfabetos funcionales, con baja autoestima, en donde su único norte es la satisfacción material de sus vidas?, ¿Qué podemos esperar de una generación de padres, que piensa que comprando el cariño de sus hijos están haciendo bien su trabajo?, ¿Qué podemos esperar de unos adultos con trancas personales, daños emocionales internos, y que piensan que tener un hijo(a) es solamente un bien social?
Estas preguntas deben llevarnos a reflexionar sobre qué queremos como país en torno a estas problemáticas. La educación no sólo tiene que ver con los niños, sino también con los padres y la manera en que los ayudamos para poder constituir elementos de base para que se transformen en líderes del desarrollo de sus niños.
El signo más claro de la decadencia de esta generación de padres es cuando escuchamos frases como: “Lo único que puedo dejar a mis hijos es la educación”. Al leer esto, uno se pregunta de inmediato, y ¿Qué pasa con los valores y principios que podemos enseñarles a los niños? ¿Acaso el rol de padres termina cuando pagan la mensualidad en el colegio, le compran ropa o materiales de trabajo? Debemos, con urgencia, establecer planteamientos que vayan en la línea de lo que queremos como proyecto educacional, bajo la mirada de una política de Estado en la materia.
Maule Scholar, en este sentido, es muy claro. El Estado debe atender la diversidad, y en esa materia, hay que establecer políticas integrales, tanto como Mideplan, Educación, Sernam, Salud, Sename y otras agencias gubernamentales, de forma de conformar una política que apunte a la labor formativa de los padres, sobre todo en los segmentos sociales de más escasos recursos. Se deben entregar pautas claras, metodologías y materiales, de forma que desde el embarazo, exista un seguimiento y trabajo formativo con los futuros padres. Esta experiencia existe en diversos países y es altamente exitosa. Por supuesto, todo niño en Chile debe tener una educación preescolar integral, garantizada por el Estado, de calidad y acorde a las capacidades y condiciones de los niños. Eso, ya entrega una base de apoyo y trabajo equitativo e igualitario.
Es de esperar que el Gobierno, el Parlamento y el Estado, comprendan esta situación y se genere con ello una visión de país integral, unitario, pero que atienda a la propia diversidad de un país donde todos somos necesarios.

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